Siete meses a tu lado... Bueno, ojalá pudiera decir "a tu lado" pero la verdad es que entre tú y yo acostumbra a haber más de mil kilómetros. Y eso que odio cada centímetro que me separa de tu piel...
Pero en fin, han pasado siete meses desde aquel día que por primera vez, me abrazaste y te besé. Desde que te vi a lo lejos y ya me gustaste más que nadie. Desde que te llevaba de la mano por las calles de un Burgos que es frío hasta en verano. Y siete meses desde que empecé a sentir esto tan fuerte que sólo me deja pensar en ti y echarte de menos cada minuto, esto que se podría llamar "amor" pero que es algo que va mucho más allá, esto que va creciendo y creciendo por cada día que pasa...
Y es duro estar sin ti, y yo no soy demasiado fuerte, pero tengo tan claro que eres para mi y que sólo voy a poder estar contigo que aguantaré todo, todo lo que sea por volver a estar contigo otro día. Saber que algún día tendremos nuestra vida y que mi cama dejará de estar vacía cada noche. Vacía y triste. Porque son muchas las lágrimas por ti, porque no soporto ver cómo te alejas, porque siempre tengo miedo de que esa sea la última vez que te vea....
Diciéndome adiós con la mano a través de una ventanilla. Y vuelta a lo de siempre.
Y me hundo cuando te vas, y sólo cuento segundos para volverte a ver. Pero cuando estoy contigo, desaparecen todos mis problemas, se acaban las preocupaciones y son las únicas veces que puedo decir que soy feliz.
Te necesito tanto...
Y quiero pasarme una eternidad besándote. Sólo a ti.
Eres mi mundo, eres todo lo que tengo. Siempre, siempre, siempre.
Muchas gracias por estos siete meses. Y muchísimas gracias por los que están por venir.
TE AMO.
Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres.
sábado 28 de enero de 2012
jueves 15 de diciembre de 2011
Envole-moi!
Nací el día más frío del verano.
Crecí sola, entre libros, las hojas secas del otoño y la nieve.
No tenía amigos, ni los quería.
Vivía sin querer afrontar el mundo real, queriendo ser diferente.
Mi imaginación era mi mejor amiga, y la única.
La soledad me tranquilizaba.
Odiaba (y odio) que me dijeran cómo debía pensar y actuar, que me intentaban hacer normal.
Nunca lo he sido.
Recuerdo que podía pasar horas mirando las partículas de polvo flotar en un rayo de sol, imaginando que cada una era un pequeño universo repleto de historias.
Leía, leía, me creí mis cuentos. Me adentraba en cada página como si fuera una piscina de letras, quería vivir para siempre en una historia. Pero siempre se terminaban.
Crecí. Empecé a pensar como los mayores que tanto odiaba.
Pero nunca he llegado a ser como ellos.
Descubrí la música. Aprendí a escucharla, no oírla. A vivirla, no sentirla.
A que recorriera mi cuerpo, a pinchármela en vena para que llegara a mi cerebro.
Me dio alas.
Pero me han arrancado las plumas una a una.
Ahora me odio por no haber aprendido a volar, por no haber luchado.
Porque lo necesito, o peleo por lo que quiero o me ahogaré en lágrimas.
Me odio por haberme acostumbrado a ese lugar vacío y frío que me encuentro cada noche en mi cama.
A llamar y que nadie venga.
A no ser feliz.
Me odio tanto...
Crecí sola, entre libros, las hojas secas del otoño y la nieve.
No tenía amigos, ni los quería.
Vivía sin querer afrontar el mundo real, queriendo ser diferente.
Mi imaginación era mi mejor amiga, y la única.
La soledad me tranquilizaba.
Odiaba (y odio) que me dijeran cómo debía pensar y actuar, que me intentaban hacer normal.
Nunca lo he sido.
Recuerdo que podía pasar horas mirando las partículas de polvo flotar en un rayo de sol, imaginando que cada una era un pequeño universo repleto de historias.
Leía, leía, me creí mis cuentos. Me adentraba en cada página como si fuera una piscina de letras, quería vivir para siempre en una historia. Pero siempre se terminaban.
Crecí. Empecé a pensar como los mayores que tanto odiaba.
Pero nunca he llegado a ser como ellos.
Descubrí la música. Aprendí a escucharla, no oírla. A vivirla, no sentirla.
A que recorriera mi cuerpo, a pinchármela en vena para que llegara a mi cerebro.
Me dio alas.
Pero me han arrancado las plumas una a una.
Ahora me odio por no haber aprendido a volar, por no haber luchado.
Porque lo necesito, o peleo por lo que quiero o me ahogaré en lágrimas.
Me odio por haberme acostumbrado a ese lugar vacío y frío que me encuentro cada noche en mi cama.
A llamar y que nadie venga.
A no ser feliz.
Me odio tanto...
lunes 21 de noviembre de 2011
1968
Mis ganas de llorar. Mis ganas de volver. De escribir una canción que llegue a mil corazones.
Mi forma de echar de menos, de quererte, de sonreír, de andar.
Me gustaría escribir una historia que no terminara nunca, manchar miles y miles de hojas de papel con ella. Hablar de París, de música de guitarra y disparos, de flores y de guerra, de amor y de muerte. De vidas, en fin. De tiempos que ya no van a volver. De libros que ya nadie lee. Me gustaría hablar por todos aquellos que no pudieron, contar su historia, usar las palabras que ellos no pudieron porque les ahogaron.
Quiero contaros todo lo que pasó en un lugar donde nunca estuve. Quiero saber explicar por qué lloro cada vez que escucho esa canción, esos acordes. Por qué no soy capaz de vivir en el mundo real y me escondo continuamente en mis sueños. Por qué es tan difícil quitarme esa melancolía del corazón y de los ojos. Por qué en cada noviembre desde hace años me dedico a mirar las hojas naranjas y las sobras que forman las farolas con lágrimas en la cara.
No sé lo que es una guerra, no conozco la muerte, nunca he luchado...
Y aun así me derrumbo a la mínima que no puedo conseguir algo. Quiero cambiar el mundo, pero no puedo cambiar ni mi propia vida. Ni siquiera soy libre. Soy una cobarde.
Vivo en un mundo de sueños que me he formado donde estoy a gusto, pero es frágil, muy frágil y a la mínima que intentan abrirme los ojos, se derrumba. Quiero que mi vida se vaya gastando entre sueños por cumplir y esperanza de felicidad y libertad, donde podemos volar, no en este mundo real donde me siento tan sola, donde los corazones están podridos y los sentimientos no cuentan.
Voy a hacer de mi vida una novela. Así seré inmortal...
¡PAZ!
Mi forma de echar de menos, de quererte, de sonreír, de andar.
Me gustaría escribir una historia que no terminara nunca, manchar miles y miles de hojas de papel con ella. Hablar de París, de música de guitarra y disparos, de flores y de guerra, de amor y de muerte. De vidas, en fin. De tiempos que ya no van a volver. De libros que ya nadie lee. Me gustaría hablar por todos aquellos que no pudieron, contar su historia, usar las palabras que ellos no pudieron porque les ahogaron.
Quiero contaros todo lo que pasó en un lugar donde nunca estuve. Quiero saber explicar por qué lloro cada vez que escucho esa canción, esos acordes. Por qué no soy capaz de vivir en el mundo real y me escondo continuamente en mis sueños. Por qué es tan difícil quitarme esa melancolía del corazón y de los ojos. Por qué en cada noviembre desde hace años me dedico a mirar las hojas naranjas y las sobras que forman las farolas con lágrimas en la cara.
No sé lo que es una guerra, no conozco la muerte, nunca he luchado...
Y aun así me derrumbo a la mínima que no puedo conseguir algo. Quiero cambiar el mundo, pero no puedo cambiar ni mi propia vida. Ni siquiera soy libre. Soy una cobarde.
Vivo en un mundo de sueños que me he formado donde estoy a gusto, pero es frágil, muy frágil y a la mínima que intentan abrirme los ojos, se derrumba. Quiero que mi vida se vaya gastando entre sueños por cumplir y esperanza de felicidad y libertad, donde podemos volar, no en este mundo real donde me siento tan sola, donde los corazones están podridos y los sentimientos no cuentan.
Voy a hacer de mi vida una novela. Así seré inmortal...
¡PAZ!
miércoles 9 de noviembre de 2011
When you got nothing, you got nothing to lose.
La ocasión se merecía un poema. Uno como los de Bécquer o Neruda. Un poema que nos hiciera libres.
Fue bajar del tren y verla ahí, como si fuera una de sus fotos, esperándonos.
Desde que la vimos al pisar Pontevedra, hasta que nos despedimos a la mañana siguiente desde el tren.
Sólo una palabra en los labios a través del cristal: "Madrid, Madrid".
Un día con Blackbird. Una aventura con ella.
Correr por Vigo para ver cómo se alejaba nuestro último tren. El taxi en el que Dylan y Joaquín nos hablaron. El argentino rockero y drogadicto que un día aparecerá en tu vida, hijo de cierto taxista. Llamar a Madrid. Besar a Kike. El estudio de casa de Laura. La Estrella. La tienda beatle de Pontevedra. Las cervezas. Buscar pensión. Su acento, el de los dos, mis gallegos. Nerea. Pájaros de Portugal. Chocolate con churros una mañana de domingo.
Ahora me parece un sueño, esas aventuras no le pasan a alguien normal como yo. Esto fue un dia en "la otra realidad" la que parece que está tan lejos, la de esas personas a las que vemos tan poco, pero que están ahí, con su vida y con sus sueños. Y tenemos algo en común, queremos ser libres.
Y aquella noche, aunque sólo fuera durante algunos minutos, lo fuimos. Y nos gustó la sensación de vivir en la carretera sin nada, como un Rolling Stone. Y a mí por lo menos, me queda la esperanza de que momentos como aquellos se repitan, de que todo ésto no se va a perder. Que nunca creceremos tanto como para entender todo eso que se entiende cuando "te haces mayor", que nos une algo que puede al tiempo y a la distancia, que no es que tengamos muchos pájaros en la cabeza y nos inventemos cosas, es que las cosas son así, pero mucha gente no lo entiende, lo ve imposible. Pero yo puedo demostrar que es posible. Que mi hogar no está en un lugar concreto, mi hogar está donde soy feliz. Y allí, en medio de ninguna parte, estaba en casa.
Os quiero, gallegos.
¡PAZ!
Fue bajar del tren y verla ahí, como si fuera una de sus fotos, esperándonos.
Desde que la vimos al pisar Pontevedra, hasta que nos despedimos a la mañana siguiente desde el tren.
Sólo una palabra en los labios a través del cristal: "Madrid, Madrid".
Un día con Blackbird. Una aventura con ella.
Correr por Vigo para ver cómo se alejaba nuestro último tren. El taxi en el que Dylan y Joaquín nos hablaron. El argentino rockero y drogadicto que un día aparecerá en tu vida, hijo de cierto taxista. Llamar a Madrid. Besar a Kike. El estudio de casa de Laura. La Estrella. La tienda beatle de Pontevedra. Las cervezas. Buscar pensión. Su acento, el de los dos, mis gallegos. Nerea. Pájaros de Portugal. Chocolate con churros una mañana de domingo.
Ahora me parece un sueño, esas aventuras no le pasan a alguien normal como yo. Esto fue un dia en "la otra realidad" la que parece que está tan lejos, la de esas personas a las que vemos tan poco, pero que están ahí, con su vida y con sus sueños. Y tenemos algo en común, queremos ser libres.
Y aquella noche, aunque sólo fuera durante algunos minutos, lo fuimos. Y nos gustó la sensación de vivir en la carretera sin nada, como un Rolling Stone. Y a mí por lo menos, me queda la esperanza de que momentos como aquellos se repitan, de que todo ésto no se va a perder. Que nunca creceremos tanto como para entender todo eso que se entiende cuando "te haces mayor", que nos une algo que puede al tiempo y a la distancia, que no es que tengamos muchos pájaros en la cabeza y nos inventemos cosas, es que las cosas son así, pero mucha gente no lo entiende, lo ve imposible. Pero yo puedo demostrar que es posible. Que mi hogar no está en un lugar concreto, mi hogar está donde soy feliz. Y allí, en medio de ninguna parte, estaba en casa.
Os quiero, gallegos.
¡PAZ!
domingo 9 de octubre de 2011
Don't question why she needs to be so free...
Ella, ella.
Iria, Mika, llamadla como queráis, no importa tanto su nombre como lo que lleva dentro.
Es una revolución, es la furia de un solo de Richards, es la voz dulce de Paul McCartney, Blackbird aprendiendo a volar, la poesía de Sabina, y de Neruda, y de Bécquer, incluso de Jim Morrison, el acento de Rot, las ganas de libertad de Janis, un viejo rock&roll de Chuck Berry.
Es mayo del 68.
Sentimientos a flor de piel.
Siempre me ha tenido fascinada, desde hace más de un año ya, cuando ella no se lo creía yo sabía que llegaría lejos, y lo va a conseguir, ésto es solo el principio.
No todos idean un proyecto para cambiar el mundo. Ella sí. Y lo conseguirá, y yo confío en ella.
Y en unos días estaré con ella en su ciudad, de donde quiere escapar.
Y en un poco más de tiempo me escaparé yo a Madrid, pero porque ella me ha enseñado.
Un día se irá de su casa, lo dejará todo atrás y saboreará la libertad, y desde ese momento, será así siempre.
Porque sé lo que se siente. Ella es como yo. Siempre la he entendido cuando me decía que se sentía encerrada, porque yo estuve así durante mucho tiempo también.
"No le preguntes por qué necesita ser tan libre. Te dirá que es la única forma de ser."
Pero te queda mucho futuro, pequeña,y espero compartir muchas poesías y revoluciones contigo.
Hasta pronto, Ruby Tuesday. Te quiero.
¡PAZ!
Iria, Mika, llamadla como queráis, no importa tanto su nombre como lo que lleva dentro.
Es una revolución, es la furia de un solo de Richards, es la voz dulce de Paul McCartney, Blackbird aprendiendo a volar, la poesía de Sabina, y de Neruda, y de Bécquer, incluso de Jim Morrison, el acento de Rot, las ganas de libertad de Janis, un viejo rock&roll de Chuck Berry.
Es mayo del 68.
Sentimientos a flor de piel.
Siempre me ha tenido fascinada, desde hace más de un año ya, cuando ella no se lo creía yo sabía que llegaría lejos, y lo va a conseguir, ésto es solo el principio.
No todos idean un proyecto para cambiar el mundo. Ella sí. Y lo conseguirá, y yo confío en ella.
Y en unos días estaré con ella en su ciudad, de donde quiere escapar.
Y en un poco más de tiempo me escaparé yo a Madrid, pero porque ella me ha enseñado.
Un día se irá de su casa, lo dejará todo atrás y saboreará la libertad, y desde ese momento, será así siempre.
Porque sé lo que se siente. Ella es como yo. Siempre la he entendido cuando me decía que se sentía encerrada, porque yo estuve así durante mucho tiempo también.
"No le preguntes por qué necesita ser tan libre. Te dirá que es la única forma de ser."
Pero te queda mucho futuro, pequeña,y espero compartir muchas poesías y revoluciones contigo.
Hasta pronto, Ruby Tuesday. Te quiero.
¡PAZ!
martes 6 de septiembre de 2011
So sing a lonely song...
Sola, estaba sola. Libre, por fin.
Tras 18 años había conseguido escapar. Estaba llorando, sí, pero era de felicidad.
"Por fin mi vida me pertenece a mí"-ese pensamiento me cruzó la mente cuando el tren llegaba.
Tantos años soñando con ella. Desde la primera vez que pisé ese suelo sabía que era mi lugar. Barcelona.
La estación abarrotada, palomas llenando la plaza, gente de todo tipo, carteles en catalán, taxis amarillos y negros, vespas, vespas, vespas, ruido, el sol sobre mi piel... Sonrío.
Voy paseando por la ciudad, recuerdo tantas calles y sitios desde que era muy pequeña, esta ciudad siempre me ha tenido enamorada. Vía Laietana, Plaça de Urquinaona, la catedral y por fin, Passeig del Born... Ya estoy aquí, en mis calles, con los rincones y escondrijos que conozco. Voy paseando, me fijo en cada piedra, quiero grabarme la ciudad en la mente. Me vuelvo, he oído a The Doors en una tienda. Tarareo feliz... "don't you love her madly? don't you need her badly?" mientras continúo paseando.
Veo atardecer, Colón y el puerto, el Montjuïc de fondo...
"-¿Ves ese monte?
-Sí.
-Al otro lado viviré algún día, y él me ha dicho que se viene conmigo.
-Esta es tu ciudad, siempre la has querido para ti. Ahora la tienes, vívela."
Sólo me falta él. Sólo él y podré decir que, por primera vez en la vida, soy completamente feliz. Que ya no me falta nada.
¡PAZ!
Tras 18 años había conseguido escapar. Estaba llorando, sí, pero era de felicidad.
"Por fin mi vida me pertenece a mí"-ese pensamiento me cruzó la mente cuando el tren llegaba.
Tantos años soñando con ella. Desde la primera vez que pisé ese suelo sabía que era mi lugar. Barcelona.
La estación abarrotada, palomas llenando la plaza, gente de todo tipo, carteles en catalán, taxis amarillos y negros, vespas, vespas, vespas, ruido, el sol sobre mi piel... Sonrío.
Voy paseando por la ciudad, recuerdo tantas calles y sitios desde que era muy pequeña, esta ciudad siempre me ha tenido enamorada. Vía Laietana, Plaça de Urquinaona, la catedral y por fin, Passeig del Born... Ya estoy aquí, en mis calles, con los rincones y escondrijos que conozco. Voy paseando, me fijo en cada piedra, quiero grabarme la ciudad en la mente. Me vuelvo, he oído a The Doors en una tienda. Tarareo feliz... "don't you love her madly? don't you need her badly?" mientras continúo paseando.
Veo atardecer, Colón y el puerto, el Montjuïc de fondo...
"-¿Ves ese monte?
-Sí.
-Al otro lado viviré algún día, y él me ha dicho que se viene conmigo.
-Esta es tu ciudad, siempre la has querido para ti. Ahora la tienes, vívela."
Sólo me falta él. Sólo él y podré decir que, por primera vez en la vida, soy completamente feliz. Que ya no me falta nada.
¡PAZ!
martes 30 de agosto de 2011
London is Calling!
La noche era fresca, y yo, como de costumbre, llegaba tarde al pub inglés.
Round Midnight escrito con letras doradas con el dibujo de un gato al lado. Borrachos andando por la calle, el viento me daba escalofríos.
Entré.
Nada más empujar la puerta sentí el calor, mis oídos se llenaron de música. De rock&roll, mi viejo amigo.
Una Guinness negra, algo con whisky. Chicas con vestidos de los 60 bailando, moviendo los brazos, sintiendo la música. Chicos con camisa, chupa de cuero y gomina en el pelo. A ese bar no ha llegado el sigo XXI.
Tragué más cerveza.
No era posible. El grupo acababa de empezar con los acordes de Johnny B. Goode.
Abrí los ojos, me levanté, grité, me moví al centro del bar y simplemente me dejé llevar.
Me movía, gritaba, saltaba, es el único sitio donde puedes bailar el rock de verdad ser uno más. Donde el saxofón suena entre el público, la armónica vibra y los solos de batería son eternos...
Después vinieron más... Satisfaction, Born to be wild, Knockin' on Heavens Door y finalmente, Fire.
El guitarrista deslizaba su vaso por las cuerdas, tocaba con la guitarra en la espalda, tocaba con la lengua. Y detrás suyo estaba en un póster Hendrix. Y yo le miraba a él. Al guitarrista zurdo de Seattle...
Porque en aquel momento, quien estaba en la sala era Jimi, con su Fender blanca, con su pelo rizado y con su cinta en el pelo. Y cantaba con su voz. Y mis aplausos fueron para Jimi.
Notaba el calor, el pelo golpeándome en los hombros, la voz rota. Lo que notaba era el rock por las venas. Cada célula de mi cuerpo lo sentía.
Y el concierto acabó y en mi vaso con whisky ya sólo quedaban hielos.
La realidad volvió rápidamente. Ya no eran los 60 y el sueño había terminado. Jimi ya no estaba.
Tenía que encontrar un bus rojo de dos pisos que me llevara a casa. No era un buen sitio para andar sola de noche.
Pero era Londres. Y era mi sueño.
¡PAZ!
Round Midnight escrito con letras doradas con el dibujo de un gato al lado. Borrachos andando por la calle, el viento me daba escalofríos.
Entré.
Nada más empujar la puerta sentí el calor, mis oídos se llenaron de música. De rock&roll, mi viejo amigo.
Una Guinness negra, algo con whisky. Chicas con vestidos de los 60 bailando, moviendo los brazos, sintiendo la música. Chicos con camisa, chupa de cuero y gomina en el pelo. A ese bar no ha llegado el sigo XXI.
Tragué más cerveza.
No era posible. El grupo acababa de empezar con los acordes de Johnny B. Goode.
Abrí los ojos, me levanté, grité, me moví al centro del bar y simplemente me dejé llevar.
Me movía, gritaba, saltaba, es el único sitio donde puedes bailar el rock de verdad ser uno más. Donde el saxofón suena entre el público, la armónica vibra y los solos de batería son eternos...Después vinieron más... Satisfaction, Born to be wild, Knockin' on Heavens Door y finalmente, Fire.
El guitarrista deslizaba su vaso por las cuerdas, tocaba con la guitarra en la espalda, tocaba con la lengua. Y detrás suyo estaba en un póster Hendrix. Y yo le miraba a él. Al guitarrista zurdo de Seattle...
Porque en aquel momento, quien estaba en la sala era Jimi, con su Fender blanca, con su pelo rizado y con su cinta en el pelo. Y cantaba con su voz. Y mis aplausos fueron para Jimi.
Notaba el calor, el pelo golpeándome en los hombros, la voz rota. Lo que notaba era el rock por las venas. Cada célula de mi cuerpo lo sentía.
Y el concierto acabó y en mi vaso con whisky ya sólo quedaban hielos.
La realidad volvió rápidamente. Ya no eran los 60 y el sueño había terminado. Jimi ya no estaba.
Tenía que encontrar un bus rojo de dos pisos que me llevara a casa. No era un buen sitio para andar sola de noche.
Pero era Londres. Y era mi sueño.
¡PAZ!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)